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miércoles, 9 de febrero de 2011

Respetar regiones, garantiza asistencia.



Por: Álvaro Álvarez Díaz
Foto: Internet.

Quizás algunos lectores no coincidan con mi análisis, no obstante prefiero sumergirme en el mar de las polémicas, porque estoy seguro que los criterios serán disímiles. Lo hago apegado a la teoría que nos enseñaron: es preciso respetar la territorialidad, es el único modo de llenar las gradas. En cualquier evento deportivo de este país, el aficionado defiende a ultranza su terruño y sus atletas. Es una verdad que no admite titubeos.

Por suerte estuve durante ocho años (1994-2002), siguiendo de cerca el desempeño de los equipos santiagueros en lides nacionales, particularmente la poderosa selección que por aquellos años participó en la serie cubana de béisbol. Visité todos los estadios principales de Cuba y un sentimiento generalizado me resultaba impresionante: el respeto y la admiración a sus peloteros.

Así encontré pinareños capaces de valorar la calidad de Norge Luis Vera o de Orestes Kindelán pero, Alfonso Urquiola, Luis Giraldo Casanova y Pedro Luis Lazo, constituyen ídolos insuperables. En el parque Latinoamericano, ni hablar; los Industriales son la referencia del béisbol en el país, Tabares, Vargas, Germán, Padilla, no tienen comparación.

En resumen, todo eso enriquecía el espectáculo, lo hacía más atractivo. Ocurría también en el baloncesto, el fútbol, el boxeo, que son los deportes con mayor cantidad de seguidores. Sin embargo, no se admite el cambio de camiseta, ¡¡¡ ni jugando !!!.

Por ejemplo, en la liga superior masculina de baloncesto; el equipo Orientales no podía tener integrantes de otras provincias que no fueran Las Tunas, Granma, Holguín, Guantánamo y Santiago; los Centrales: Villa Clara, Sancti Spiritus, Ciego de Ávila, Cienfuegos y Camagüey. Igualmente Capitalinos y Occidentales, este último conformado por jugadores matanceros, pinareños y pineros.

Es tal el amor a su territorio, a sus representantes que, los intentos de cambios han sido frustrantes, y ahí están las Copas Revolución y las Super-Ligas en el béisbol, hubo que renunciar a ese formato, por una sola razón: los aficionados de orientales no asimilaban en ese equipo a ningún pelotero de otra provincia, ni siquiera refuerzos y si por casualidad eran de la capital…¡¡¡Uff!!!. Para que contarles.

Y todo por lo que escribí al principio, nos enseñaron a respetar la territorialidad. Sí, porque me cuentan algunos veteranos que vieron a los equipos de Cienfuegos, Almendares, Marianao y Habana; que los estadios en aquellos tiempos se abarrotaban y los jugadores no eran precisamente de esos lugares, incluso venían de otros países a jugar aquí…¿entonces?.. Había calidad y cuando hay calidad la gente va al estadio aunque quede en la conchinchina.

Estoy de acuerdo, es una tesis que puede tener sólidos argumentos pero, lo propongo para otro momento.

De cualquier manera llamo la atención porque comenzó la liga nacional de voleibol y en el equipo Capitalinas hay varias jugadoras de Holguín, Santiago de Cuba y Camagüey. Estuvo semivacía la majestuosa sala polivalente “Alejandro Urgellés” en Santiago de Cuba, les confieso que será muy difícil. El concepto de regionalismo está muy arraigado en los cubanos. Propongo que si el propósito es buscar equilibrio en las selecciones, utilicen otros nombres que nada tengan que ver con territorios. Así se garantiza una buena concurrencia.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Entre la nostalgia y la insatisfacción



Por: Álvaro Álvarez Díaz
Foto: Internet

En cualquier circunstancia de la vida llegar a la excelencia y el reconocimiento de todos constituye un mérito indescriptible según testimonios de los propios protagonistas en diversas facetas de la sociedad. En el caso de Cuba reciben a diario el merecido homenaje; científicos, escritores, músicos, constructores, maestros, deportistas, entre otros.

Precisamente acerca de la estimulación espiritual que reciben los atletas cubanos estimo que siempre serán insuficientes por la humildad, sencillez, consagración y calidad de nuestras excelsas figuras que distinguen el movimiento deportivo cubano. Con beneplácito los aficionados han aceptado la decisión de incluir en sitios sagrados del área centroamericana a especialistas de campo y pista, lucha y judo; sin embargo en el país carecemos de un lugar para los grandes deportistas que se han convertido en punto de referencia para el mundo.

Mientras hojeaba el libro: El Inmortal del béisbol; Martín Dihígo, del abogado y amante apasionado del béisbol; Alfredo L. Santana Alonso, publicado por la editorial científico-técnica en el año 2007, encontré en el epílogo un dato muy interesante: La Comisión Nacional de Monumentos que presidía en aquel momento el Dr: Antonio Núñez Jiménez y su secretaria ejecutiva Dra: Martha Arjona aprobó la Resolución 104 del año 1991, donde se declara el estadio Palmar de Junco Monumento Nacional, y en su cuarto Por Cuanto refiere:

Por ser el Palmar de Junco la instalación para el juego de pelota más antigua de Cuba, iniciadora y promotora de nuestro deporte nacional; por ser también, lugar de desarrollo de grandes figuras de la pelota cubana, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación con motivo de celebrarse en Cuba los Oncenos Juegos Panamericanos, ha considerado rendirle homenaje al Palmar de Junco situando en sus instalaciones el Hall de la Fama.

Más abajo se refiere a que la Comisión Preparatoria encargada de acometer esos trabajos acordó que el Salón y Museo de la Fama creado llevara el nombre del insigne Martín Dihígo Llanos y que, dentro del proyecto, se erigiera una escultura de este último, en el montículo de lanzar, ubicado en el centro del museo, y sobre esta, en la cubierta, una estrella de cuatro picos, la cual dejaría pasar un as de luz que haría brillar la figura del Inmortal.

Todo en papeles, se dice que el período especial terminó con los sueños. La escasez de materiales ha impedido cumplir con un reclamo unánime del pueblo cubano, que en su inmensa mayoría sigue, admira y disfruta hasta el delirio el juego de béisbol y sus protagonistas. No obstante llama la atención que ni siquiera se percibe un intento de comenzar la obra.

En ocasiones he oído decir que es responsabilidad de los directivos de la provincia de Matanzas, otros afirman que la intención es llevarse el proyecto para la capital, en fin, el asunto es que la afición deportiva cubana y de manera especial la del béisbol pide a gritos la materialización de lo que hasta ahora parece letra muerta.

He sido testigo de varias sugerencias como la de las peñas deportivas para el aporte que se requiera, incluso muchos se han brindado para las labores constructivas, pero hasta ahí. Caben algunas interrogantes; ¿Será tan costosa la construcción de un modesto museo? ¿Por qué es el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER) el único responsable de acometer la obra? ¿Se ha pensado en la repercusión que tendrá entre los aficionados cubanos y el estímulo que representa para los peloteros que han puesto bien alto el nombre de Cuba en la arena internacional, que dedicaron la mayor parte de su vida a esta disciplina?

Conozco el poder de convocatoria que tienen muchos organismos en este país y estoy absolutamente convencido de que, a pesar de las carencias, el caro anhelo se puede hacer realidad si todos cooperan. Además, la afición reclama un recinto funcional con las condiciones mínimas necesarias como para rendir homenaje a esas excelsas figuras que constituyen paradigmas del movimiento deportivo nacional.

Finalmente propongo revisar el procedimiento para ejecutar detalles que se han perdido, como son las ceremonias de retiro de las grandes figuras del béisbol nacional. Antes se lograba sin tantos requerimientos logísticos. ¿Por qué hoy no se hace lo mismo?. Soy del criterio que Antonio Pacheco Massó, Orestes Kindelán Olivares, entre otros, se merecen un acto oficial de retiro que impresione, que perdure en la mente de todos los fieles seguidores de la pasión nacional en cualquier rincón del país.