lunes, 19 de noviembre de 2012

Fe, esperanza y…



 
Por: Álvaro Álvarez Díaz
Foto: beisbolcubano.cu

Me han hecho creer que sí, y la vida ha demostrado que no… fueron las palabras de un vecino, fiel seguidor del béisbol desde hace más de medio siglo, al terminar el juego que puso punto final, lamentablemente, al tope entre japoneses y cubanos.

Ahí mismo se sumaron otros interesados en polemizar acerca de una disciplina que, entre cubanos, va más allá del deporte en sí. Es pasión sin límites, capaz de mantener a los integrantes de una familia en vilo, en plena madrugada (por la diferencia horaria con Japón) frente al televisor, en muchos casos, como ahora, sufriendo.

“Demostrado está que los poderosos bateadores de más de treinta jonrones en las series nacionales es un cuento de camino”… así a rajatabla como casi siempre hablamos, se expresó Eduardo, un cochero de los que transitan a diario por las calles colombinas, molestísimo con las ridículas demostraciones de los peloteros cubanos.

“A mí me habían dicho que, en Cuba se juega el mejor béisbol del mundo. No, no, eso es un defecto que tenemos los isleños: nos creemos el ombligo del mundo. Mira, se trata solo de cogerle el tiempo, de moverle los lanzamientos y… todos mansitos, mansitos”… ripostó Fernando, uno que tiene canas y no es por gusto.

Coincido con la mayoría, nos hemos quedado detrás y muchos detalles precisan de análisis pormenorizado. No es posible que los bateadores cubanos no puedan descifrar lanzamientos tirados en zona y peor aún, hacerle swing a los que están fuera de la órbita vertical y horizontal en relación con la zona de strike.

Pésimos en el corrido de las bases. Aquí sugiero revisar el trabajo de los coachs. Inadmisible que un corredor en segunda con un out y fly largo al jardín derecho no pueda hacer pisa y corre para tercera. Increíble que a estas alturas un bateador con indicaciones precisas de sacrificarse para adelantar al corredor de primera, sea incapaz de lograrlo.

Difícil de digerir que si un pitcher le está lanzando a un bateador zurdo en la esquina de adentro, el jugador a la defensa del right field se cargue al center.

Ahora bien, los entrenadores cubanos son los que más apuntes hacen en un juego de béisbol, en ocasiones la imagen de la TV presenta a varios de ellos con tablillas de diferentes tipos y tamaños; por favor, ¿eso no se discute después con los jugadores? Porque si es así, entonces habrá que aplicar, con todo rigor, un examen para medir el coeficiente de inteligencia de nuestros atletas.

Otra preocupante de los aficionados tiene que ver con el estado de ánimo de los jugadores cubanos, es fácil identificar cierta apatía en el banco, los rostros no dicen otra cosa, se aprecia un marcado disgusto. Es como si tuvieran la derrota dibujada en el semblante. Una cosa es estar contrariado porque algo no salió bien y otra sentirse impotente.

Una vez me dijo un guajiro jugador de pelota de manigua que, cuando un pitcher se presenta dominante y controla a la tanda en las primeras tres entradas, en la segunda vuelta el primer bate debe demostrar sus habilidades para embasarse, de lo contrario no es el idóneo.
 
Por lo pronto, el regreso a casa de los peloteros cubanos, un breve receso y de nuevo a la batalla. Para el domingo está marcado el inicio de la extrañísima Serie Nacional, que debe ser detenida para preparar el equipo al Clásico (jamás había visto cosa igual) pero bueno como me dijo una profesora de psicología: Fe, esperanza y… galletas con mantequilla. 

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